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Artículo de opinión: DERECHO A LA EDUCACION: Familias y profesores en el mismo barco

Escrito por Cesareo Guerra, el 29 abril, 2015. Archivado en Noticias y novedades Guerra

FAMILIAS Y PROFESORES EN EL MISMO BARCO

No me imagino a los padres de familia leyendo la exposición de motivos o preámbulos de las normativas que legalmente regulan el sistema educativo español bajo las cuales estamos las familias e instituciones sometidas y/o protegidas.

Bueno bien, vale, no parece obligatorio leérselos, pero es muy conveniente, pues en esos preámbulos normativos se habla -de forma genérica, fácil y acertadamente- de los hijos, de sus padres, de la sociedad en general y de la importancia de la coordinación entre el centro educativo y los padres. Quizás debiera el legislador haberlos adornado con algún silogismo utilizando la palabra BARCO. Hace bien en no hacerlo no vaya a ser que alguien se crea en derecho que el Estado le pague unas vacaciones en el mar. Algunos compatriotas así piensan. Nosotros sí hablaremos de BARCO.

¿Es necesario recordar a padres y profesores (quizás a los profesores en menor medida por ser profesionales en esta materia) que los padres y el colegio tienen un fin común –simbiótico- en el futuro profesional de los jóvenes alumnos?. ¿Es necesario recordar, a los padres en general, que la labor más importante en su vida es la formación profesional y humana de sus hijos en coordinación con un centro educativo libremente elegido?. Seguramente no. ¿Qué falla?. ¿Acaso el dato vergonzoso de que la enseñanza en España está en los últimos puestos de los rankings mundiales (vaya por delante que soy crítico con estos rankings) es como consecuencia de la falta de trabajo “a bordo” y de forma conjunta y coordinada entre maestros y padres?. ¿O hay algo más?.

En mi modesto entender los SEIS “pecados” fundamentales que explican el “olvido”, más o menos general, de que debemos ser (Familia y profesores) marineros de un mismo BARCO en cuya embarcación está en juego el futuro de nuestros hijos son:

A) La falta de tradición en España de que los padres actúen -interactúen- y se involucren activa y constantemente en la educación de sus hijos. Coordinación que va más allá de pagar las cuotas del Colegio o asistir a alguna tutoría. Afortunadamente este aspecto ha mejorado en los últimos 10 años, pero no a niveles generales aceptables en España.

B) En términos generales: La pereza y falta de preparación de los propios padres en el temario y tareas de los hijos sobre todo en asuntos de tecnología.

C) La falta de tiempo para dedicar a los hijos por el desorden en la conciliación de la vida laboral de los padres y los deberes familiares (por culpa “in vigilando” de los propios padres y/o de sensibilidad/política de la empresa donde trabajan).

D) La confusión sobre las prioridades en la vida, el egoísmo de la sociedad en general y no valorar/entender suficientemente el importante reto del camino a la excelencia (La SINGLADURA, en términos náuticos).

E) Los continuos y desafortunados cambios normativos o modelos educativos desde el inicio de nuestra actual democracia. A lo que se une la falta de criterio educativo unificador por la cesión de este derecho constitucional a la enseñanza (amparado en el art. 27 de la CE) a las Comunidades Autónomas.

Lo anterior se dice sin dejar de reconocer que los padres (todavía desgraciadamente no de forma general en España, Ej: “Los ninis”.) están concienciados de que la enseñanza ya no es un asunto de recibir “buena o correcta” enseñanza, sino que el mercado exige la excelencia y la educación (familia y profesores/centros educativos) debe imprimirse con la misma exigencia con la que se encontrarán nuestros hijos o nietos en el mercado laboral y en todos los ámbitos de la vida.

Esos preámbulos normativos del ámbito de la enseñanza a los que he aludido antes, son verdaderas cartas de intenciones, (casi diría emotivos). En su articulado se reconocen amplios derechos a favor de los estudiantes y sus familias. Así en la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa, señala que: “La transformación de la educación no depende sólo del sistema educativo. Es toda la sociedad la que tiene que asumir un papel activo. La educación es una tarea que afecta a empresas, asociaciones, sindicatos, organizaciones no gubernamentales, así como a cualquier otra forma de manifestación de la sociedad civil y, de manera muy particular, a las familias. El éxito de la transformación social en la que estamos inmersos depende de la educación”.

Bueno, quizás hay demasiada gente e instituciones involucradas en esta normativa, porque en nuestro imaginario BARCO de vela, pues no puede ser de otra forma que un barco de vela (donde verdaderamente se trabaja en serio) no pueden fallar dos mandos y responsables fundamentales: LOS PADRES/TUTORES y LOS PROFESORES. Estos, bien coordinados pueden llevar con esfuerzo a un alumno a lo más alto por la singladura de la excelencia hasta la bocana del puerto de llegada donde atracará el barco el alumno ya suficientemente preparado.

Así es como la reciente ley Orgánica del año 2013 que antes he citado viene a hacerse eco de lo que ocurre en la sociedad cuando señala algo que no por esencial u obvio no hay que repetir: “La realidad familiar en general, y en particular en el ámbito de su relación con la educación, está experimentando profundos cambios. Son necesarios canales y hábitos que nos permitan restaurar el equilibrio y la fortaleza de las relaciones entre alumnos y alumnas, familias y escuelas. Las familias son las primeras responsables de la educación de sus hijos y por ello el sistema educativo tiene que contar con la familia y confiar en sus decisiones”. Esta afirmación está avalada por la propia constitución española cuando se señala en su mentado art. 27 lo siguiente: “Los profesores, los padres y, en su caso, los alumnos intervendrán en el control y gestión de todos los centros sostenidos por la Administración con fondos públicos, en los términos que la ley establezca.”

Exacto, somos los padres o tutores los primeros responsables en la educación de nuestros hijos, como no puede ser de otra manera, pero en la práctica, es penoso ver que la generalidad de los padres en España (sí, la generalidad) depositan en el colegio a los hijos para descargar en la institución docente la principal actividad como si fuese un hospital o un taller de reparación de coches. Cuando no se dan cuenta que una buena o excelente educación es el motor que promueve el bienestar de cualquier país. ¿Importa a la mayoría de compatriotas nuestro país desde ese punto de vista?. Quizás como parece a largo plazo no lo ven venir y no reaccionan.

¿Dejamos el barco a la deriva sin patrón o con un patrón que no tiene título, o teniendo título PER no es consciente de los peligros de la mar, es decir, de lo que el alumno se encontrará ahí fuera en el mercado?.

No es baladí que nos apoyemos en un BARCO de vela para hablar de esta singladura educativa entre familia y profesores. No hay experiencia tan instructiva para hacer equipo y depender uno de otro y coordinarse para llegar a salvo a un buen puerto, que navegar a vela, sí, a vela, con perdón para los de motor. Ni el futbol, ni una tutoría (sin alumno o con el) ni una reunión multitudinaria entre familias y profesores, ni un libro, ni una ley, ni el preámbulo de la ley, nada es comparable con la relación –diría de por vida- que nace en una navegación a vela.

El alumno en un barco, junto con sus padres/tutores y sus profesores, facilitaría a todos ellos, porque todos lo necesitan, a CONOCERSE, a entender y a aprender a trabajar en equipo con una única meta, porque no siendo así, el barco se pierde junto con las personas a bordo, llega a otro puerto no programado, o se puede hundir.

No me cabe la menor duda, lo digo por propia experiencia náutica, pues soy aficionado a la vela desde hace 30 años, que si esta idea se plasma en una experiencia real, aunque sólo sea por un día de navegación a vela, la relación que debe existir en la marinería (padre/tutores, profesores y alumno) da más frutos inmediatos que muchas reuniones de tutoría. Porque se conseguirían dos cosas importantísimas: conocerse mutuamente en un terreno absolutamente neutro y desconocido y a trabajar en equipo en un mismo tiempo y espacio y porque unos dependen de otros, ya no económicamente ni por prestigio, ni por simpatías, sino por la necesidad vital de supervivencia y camaradería se trasladaría en beneficio y ejemplo al alumno que es quien se enfrentará posteriormente ya preparado a las tempestades de su vida profesional.

Entonces, ya no haría falta leerse los preámbulos y exposición de motivos de la legislación como he dicho anteriormente, si siquiera, si me apuran, su articulado.

Claro que es fácil que esta maravilla de equipo pueda ser una realidad, no por el estupendo barco de vela, no por los profesores o por el alumno, que también, pues son los que juntos trabajan duro en equipo, sino, sobre todo, sería realidad, gracias al Patrón Supremo que llevaría el Timón si le cedemos, como debe ser, el mando de la embarcación. Insisto, embarcación a vela, por supuesto.

Cesáreo Guerra Galí
abogado y padre

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