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EL DERECHO AL OCIO

Escrito por Cesareo Guerra, el 7 mayo, 2016. Archivado en Sin categoría

El derecho al ocio y al descanso

Nuestra Constitución garantiza el ocio y el descanso en el Capítulo III con el título: “DE LOS PRINCIPIOS RECTORES DE LA POLITICA SOCIAL Y ECONOMICA” donde el artículo 40 señala lo siguiente: “…los poderes públicos… velarán por la seguridad e higiene en el trabajo y garantizarán el descanso necesario, mediante la limitación de la jornada laboral, las vacaciones periódicas retribuidas y la promoción de centros adecuados.”

Este artículo alude al derecho al descanso- que es el objetivo principal del ocio- pero solamente en el ámbito laboral. Fuera del ámbito laboral la Constitución solamente obliga a los poderes públicos a fomentar y facilitar la educación sanitaria, la educación física, el deporte y la cultura, todo ello, para facilitar y ordenar el ocio.
Así el artículo 43 de la Constitución dice expresamente que: “Se reconoce el derecho a la protección de la salud”. ”Los poderes públicos fomentarán la educación sanitaria, la educación física y el deporte. Asimismo facilitarán la adecuada utilización del ocio.”
No obstante este reconocimiento constitucional al descanso, lo cierto es que ‘los padres’ de la constitución no incluyeron este derecho al descanso o al ocio en el Capítulo II sobre “DERECHOS Y LIBERTADES. DERECHOS Y DEBERES DE LOS CIUDADANOS” en cuyo capítulo se amparan derechos fundamentales como los del trabajo, la libertad de circulación, la vida, la vivienda, la tutela judicial efectiva, la libertad religiosa, la inviolabilidad del domicilio, la huelga, etc…”. Es más, en este Capitulo II se dice que los españoles tenemos derecho y deber de trabajar, pero en ningún lugar de la Carta Magna se dice expresamente que tenemos derecho y obligación al ocio.

La Constitución percibe el ocio como un derecho subjetivo, propio de la voluntariedad de cada uno y destinado al disfrute personal. Es decir, el ocio es uno de los principios rectores de la política social que emana del derecho de la libertad del individuo amparada en el artículo 17 de la Constitución que señala “Toda persona tiene derecho a la libertad y a la seguridad. Nadie puede ser privado de su libertad, sino con la observancia de lo establecido en este artículo y en los casos y en la forma previstos en la ley.

Aunque la Constitución sólo se circunscribe a garantizar y fomentar el entorno donde ese ocio se puede ejercer libremente: la cultura, el medioambiente, el turismo, la salud, etc., la mención más clara y directa a un derecho constitucional lo tenemos en las vacaciones laborales que ahora se regula en la nuevo Real Decreto Legislativo 2/2015, de 23 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores, concretamente en los artículos 34, 37 y 38 y también en los diferentes y numerosos convenios colectivos de cada sector de la actividad empresarial.

Efectivamente, el ocio se regula constitucionalmente al ámbito social y de la salud, por eso nuestra Carta Magna lo garantiza, fomenta y ampara en estos cuatro campos: a) en el descanso-como derecho- de los trabajadores respecto su jornada laboral, b) en las personas discapacitadas, c) en la juventud, y d) en la tercera edad. Así en los artículos 48, 49 y 50 de la Carta Magna, se dice:
“Los poderes públicos……con independencia de las obligaciones familiares, promoverán su bienestar (personas de la tercera edad) mediante un sistema de servicios sociales que atenderán sus problemas específicos de salud, vivienda, cultura y ocio.

“Los poderes públicos promoverán las condiciones para la participación libre y eficaz de la juventud en el desarrollo político, social, económico y cultural.”
“Los poderes públicos realizarán una política de previsión, tratamiento, rehabilitación e integración de los disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos, a los que prestarán la atención especializada que requieran y los ampararán especialmente para el disfrute de los derechos que este Título otorga a todos los ciudadanos”.

En cumplimiento del fomento, disfrute y promoción constitucional al ocio se ha promulgado abundante normativa estatal, autonómica y municipal en materia del derecho del deporte, del medioambiente, de la cultura, viajes, del turismo, de la sanidad, regulatoria del consumo de bebidas alcohólicas, del ruido, etc. todo ello con un objetivo principal: la prestación de estos servicios sociales mediante un conjunto de actividades prestaciones y equipamientos que tienen como fin el promocionar y posibilitar el desarrollo del bienestar social de todos los ciudadanos facilitándoles el acceso al ocio en sus diferentes modalidades.

Aunque la Constitución nos garantice que los poderes públicos facilitarán, garantizarán y fomentarán diversas áreas sociales vinculadas al ocio, como el deporte, la cultura, el medioambiente, los juegos de azar…., lo cierto es que cada persona tiene su propia manera de descansar, pero cualquier actividad de ociar que se practique debería tener, en mi opinión, seis requisitos básicos:

1º.- Entender que descansar debiera ser un deber gozoso, aunque esta obligación al descanso no la reconozca como tal la Constitución española. Si el Creador descansó”. …Y al séptimo día descansó…..” (Gen. 2.3) nosotros debemos imitarle; 2º.- Que se dirija este ocio a un verdadero descanso personal para recuperar “acopiar fuerzas” de cara a la vuelta al trabajo diario, “sacar adelante a nuestra familia y y servir a la sociedad”. “El descanso significa represar: acopiar fuerzas, ideales, planes… En pocas palabras: cambiar de ocupación, para volver después —con nuevos bríos— al quehacer habitual (San Josemaría, Surco, n. 514); 3º.- La libre elección del ocio, bien entendido; 4º.- Desarrollo personal, potenciando y disfrutando de las relaciones interpersonales de afecto y amistad, sobre todo con la familia, 5º.- Promocionar y mejorar las propias capacidades y habilidades físicas. 6º.-Aprovechar el tiempo de ocio para santificar el descanso con la atención a la familia, la ayuda a los demás, y la interiorización para encontrar la esencia y Verdad de las cosas “ in interiore homine habitat veritas” decía San Agustín.

El ocio, como un derecho que emana de la libertad individual, tiene sus propios límites legales: el derecho al descanso de los demás y a la seguridad de los que participan en una actividad de ocio y del resto de los ciudadanos. Por ello se han afanado, sobre todo las administraciones autonómicas y los municipios, en dictar normas que regulen el ocio, el deporte, los llamados “botellones”, ferias de todo tipo, caza, eventos deportivos, establecimientos nocturnos, etc, fundamentalmente para garantizar que el ociar de algunos no vulnere el derecho al descanso de terceras personas o también el derecho y deber de trabajar de los demás.

El Convenio de Roma (1950), ratificado por España en 1979, en su artículo 8 señala:

“1. Toda persona tiene derecho al respeto de su vida privada y familiar, de su domicilio y de su correspondencia.[siguiente] [Contextualizar]
[anterior]
2. No podrá haber injerencia de la autoridad pública en el ejercicio de este derecho sino en tanto en cuanto esta injerencia esté prevista por la ley y constituya una medida que, en una sociedad democrática, sea necesaria para la seguridad nacional, la seguridad pública, el bienestar económico del país, la defensa del orden y la prevención de las infracciones penales, la protección de la salud o de la moral, o la protección de los derechos y las libertades de los demás.”

En conclusión, nos encontramos que en España y en el resto de la Unión Europea los poderes públicos tienen por un lado obligaciones positivas, estas son: regular, facilitar, y promocionar el ocio de los ciudadanos y de su protección integral, pero con justo equilibrio entre los intereses concurrentes del individuo y de la sociedad en su conjunto, y por otro lado: obligaciones negativas: la no injerencia en el derecho a la vida privada y familiar en donde el ocio es, y debe seguir siendo, un derecho y una obligación del individuo autoinducida.

Madrid. 2016
Cesáreo Guerra Gali
abogado

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